Hace unos 12 años empecé a ir a concursos de pintura rápida.
Básicamente consiste en llevar un lienzo en blanco, lo sellan por detrás a
primera hora de la mañana, hay unas cuantas horas para pintar el motivo que se
quiera dentro del pueblo (o a veces un motivo definido por la organización) y a
medio día o por la tarde se entregan las obras y un jurado elige a los
premiados.
Tampoco es que vaya a demasiados concursos. Conozco gente
que viaja por toda la península durante los meses de buen tiempo y rasca unos
cuantos premios cada temporada. Yo nunca he ganado ningún premio, por lo que
suelo ir sólo a los que pillan más cerca de Valladolid. Unos 3 o 4 cada verano.
He tenido muchas conversaciones sobre este tema: “¿No te
desanimas de ir a concursos y no llevarte ningún premio?”, “¿Para qué vas a
gastar dinero en material y gasolina si sabes que no vas a ganar?”.
La respuesta es que me parece muy divertido pintar al aire
libre, del natural y no de una foto, y compartir el día y charlar con
compañeros de profesión. También el que mi obra quede expuesta durante unas horas
o unos días. Y que siempre se aprenden cosas nuevas y se cogen ideas de otros
pintores. Si el único aliciente fuera el premio estaría ya muy frustrado, desquiciado
y desesperado. Por supuesto que salgo a por todas, pero soy consciente de que
en estos concursos suele primar el realismo y la pintura más académica, y aun
así, hay gente muy muy buena, auténticos profesionales de los concursos que se
reparten entre unos pocos gran parte de los premios de todos los concursos. Aun
así tengo la esperanza de que llegará mi momento algún día. De momento, a pesar
de no haber rascado ningún premio, he vendido el cuadro en un par de ocasiones.
Algo es algo.
Sobre que la gente me vea pintar, en general me gusta,
aunque cuando alguien se pone detrás a observarme durante un rato largo me pone
un poco nervioso. Sobre todo porque no soy una persona metódica pintando. En mi
pintura me dejo llevar mucho por la intuición y hay mucha improvisación, lo
cual conlleva riesgos. Unas veces salen cosas espectaculares y otras me sale el
tiro por la culata, me sale un bodrio y me voy a casa cabreado. A veces en ese
juego ensayo-error hay vuelta atrás y se pueden corregir los gazapos, y otras
hay que tirar para adelante como sea porque la falta de tiempo, el pastiche de
óleo y lo que tarda en secar no permiten la rectificación. No hay nada más
incómodo que tener a alguien observando durante varios minutos cuando las cosas
no me están saliendo como me gustaría.
No obstante, una vez un pintor dijo en un concurso que “en
los concursos nunca te vas de vacío, al menos siempre vuelves con un cuadro”, y
añado yo, que vuelves con un día entre compañeros haciendo lo que más me gusta.
Esta temporada volveré a salir la carretera las veces que
pueda. ¿Conseguiré dar la campanada en algún concurso? Se admiten apuestas.
Del último concurso en el que estuve el verano pasado, en Olmedo
