El trabajo de cualquier artista, sea cual sea su disciplina,
no deja de ser un refrito de lo que ha visto a lo largo de su vida y de lo que
ha aprendido a lo largo de la historia de su disciplina, y también de otras,
pasado por un prisma personal. Picasso, Cezanne o Pollock, con todo lo
innovadores que fueron, habrían sido totalmente diferentes si hubieran nacido
en el siglo XV, en la Antigua Grecia o si hubieran vivido en las cuevas de
Altamira.
Cualquier pintor que no haga realismo nunca sabe exactamente
cómo va a ser un cuadro antes de empezarlo. Tenemos una idea vaga y difusa de lo
que queremos, pero a partir de ahí vamos improvisando. Aplicamos unas primeras
manchas y vamos viendo qué nos pide el cuadro según va avanzando, probamos
cosas, corregimos... Si fuera todo sota, caballo y rey sería demasiado
aburrido, ¿no créeis?. Y en ese proceso creativo nos influye todo lo que hemos
visto a lo largo de nuestra vida; desde nuestros conocimientos de la Historia
del Arte, obras que hemos visto de compañeros pintores menos conocidos, e
incluso nos pueden influir imágenes no artísticas que hemos visto dando un
paseo por el campo o en una baldosa del suelo, por ejemplo.
A veces me ha pasado que me ha salido un cuadro con el que
he quedado muy contento, y he tratado de hacer uno o varios más parecidos, con
motivos distintos pero siguiendo el mismo patrón, y lo habitual es que nunca
consigo igualar al primero, e incluso me salen auténticas chapuzas.
Y con esto que os comento, aprovechando que me gusta el rock
y el heavy metal, me viene a la cabeza una comparativa con la música:
¿Cuántos grupos de rock sacaron obras maestras cuando sus músicos
tenían veintipocos años, y 20 o 30 años después, cuando se supone que tendría
que notarse que tienen más experiencia y más madurez, sólo sacan discos
mediocres y siguen viviendo de tocar en directo las canciones que les
catapultaron cuando eran jóvenes?
Seguramente esos músicos cuando se pusieron a componer sus
primeros discos no sabían exactamente lo que les iba a salir, y bebieron de
muchas fuentes y plasmaron todas sus influencias.
A lo que quiero llegar es que tanto en la pintura como en la
música, somos mucho más creativos y nos salen mejores obras cuando como
esponjas, bebemos de muchísimas fuentes y plasmamos ese “refrito” en nuestro
cuadro. Y el gran problema es que cuando logramos crear una gran obra, esas
fuentes desaparecen de nuestra cabeza y nuestro pasado pasa a ser nuestra única
influencia. Y en ese caso, lo normal es que nunca lleguemos a igualar la
calidad de esa obra inicial.
En el caso de los músicos, quizá el problema de esos grandes
dinosaurios del rock es que desde hace tiempo su única influencia sean los
grandes discos que sacaron hace décadas, los cuales nunca llegarán a mejorar
porque una vez han tocado techo no se han preocupado en seguir aprendiendo para
enriquecerse creativamente.
¿Y vosotros qué opináis? ¿Estáis de acuerdo?
Rock Star 4, 2014

