domingo, 24 de marzo de 2019

"Mi rollo es el Rock". Cuando la esponja se vuelve impermeable


El trabajo de cualquier artista, sea cual sea su disciplina, no deja de ser un refrito de lo que ha visto a lo largo de su vida y de lo que ha aprendido a lo largo de la historia de su disciplina, y también de otras, pasado por un prisma personal. Picasso, Cezanne o Pollock, con todo lo innovadores que fueron, habrían sido totalmente diferentes si hubieran nacido en el siglo XV, en la Antigua Grecia o si hubieran vivido en las cuevas de Altamira.
Cualquier pintor que no haga realismo nunca sabe exactamente cómo va a ser un cuadro antes de empezarlo. Tenemos una idea vaga y difusa de lo que queremos, pero a partir de ahí vamos improvisando. Aplicamos unas primeras manchas y vamos viendo qué nos pide el cuadro según va avanzando, probamos cosas, corregimos... Si fuera todo sota, caballo y rey sería demasiado aburrido, ¿no créeis?. Y en ese proceso creativo nos influye todo lo que hemos visto a lo largo de nuestra vida; desde nuestros conocimientos de la Historia del Arte, obras que hemos visto de compañeros pintores menos conocidos, e incluso nos pueden influir imágenes no artísticas que hemos visto dando un paseo por el campo o en una baldosa del suelo, por ejemplo.
A veces me ha pasado que me ha salido un cuadro con el que he quedado muy contento, y he tratado de hacer uno o varios más parecidos, con motivos distintos pero siguiendo el mismo patrón, y lo habitual es que nunca consigo igualar al primero, e incluso me salen auténticas chapuzas.
Y con esto que os comento, aprovechando que me gusta el rock y el heavy metal, me viene a la cabeza una comparativa con la música:
¿Cuántos grupos de rock sacaron obras maestras cuando sus músicos tenían veintipocos años, y 20 o 30 años después, cuando se supone que tendría que notarse que tienen más experiencia y más madurez, sólo sacan discos mediocres y siguen viviendo de tocar en directo las canciones que les catapultaron cuando eran jóvenes?
Seguramente esos músicos cuando se pusieron a componer sus primeros discos no sabían exactamente lo que les iba a salir, y bebieron de muchas fuentes y plasmaron todas sus influencias.
A lo que quiero llegar es que tanto en la pintura como en la música, somos mucho más creativos y nos salen mejores obras cuando como esponjas, bebemos de muchísimas fuentes y plasmamos ese “refrito” en nuestro cuadro. Y el gran problema es que cuando logramos crear una gran obra, esas fuentes desaparecen de nuestra cabeza y nuestro pasado pasa a ser nuestra única influencia. Y en ese caso, lo normal es que nunca lleguemos a igualar la calidad de esa obra inicial.
En el caso de los músicos, quizá el problema de esos grandes dinosaurios del rock es que desde hace tiempo su única influencia sean los grandes discos que sacaron hace décadas, los cuales nunca llegarán a mejorar porque una vez han tocado techo no se han preocupado en seguir aprendiendo para enriquecerse creativamente.
¿Y vosotros qué opináis? ¿Estáis de acuerdo?

Rock Star 4, 2014

sábado, 23 de marzo de 2019

Síndrome de abstinencia


Hace ya 10 años que terminé Bellas Artes. Y aunque no me dedico profesionalmente a nada relacionado con la carrera, no me arrepiento en absoluto.
Me matriculé y reconozco que en aquel momento no sabía muy bien porqué. Quizá fue más por descarte que por decisión firme. Se me daba más o menos bien dibujar y por eso me metí, pero tampoco destacaba con respecto a la mayoría de mis compañeros y no tenía un especial interés en el arte, ni en ver exposiciones ni museos, lo que hizo que no terminara de encontrar mi sitio y que tuviera muchas dudas a lo largo de los primeros años.
Hasta que en 3º aparecieron dos profesores de pintura, Julio y Fernando. El comienzo fue duro, estaba muy encorsetado, pero un día me puse a improvisar, a meter brochazos y a atizar el cuadro con la espátula más por frustración que por otra cosa, y cuando me vio Julio pronunció una frase que lo cambió todo: “Aquí empieza a oler a pintura”.
Terminé aquel año sacando un 8 en esta asignatura, y lo más importante, ahí comenzó mi pasión y mi fascinación por la pintura (hasta el punto que hice un poco el idiota en otras asignaturas).
Diez años después de terminar la carrera (12 después de aquel curso), he seguido pintando siempre que he podido y lo que mis trabajos me han ido permitiendo y he hecho varias exposiciones. He progresado, he mejorado y he evolucionado, a veces no tanto como me gustaría. Pero es como estar enganchado a una droga que no puedes dejar.
Y hasta ahí quiero llegar. Hace 8 meses me cambió la vida con el nacimiento de mi hija. Sin duda es la experiencia más bonita e increíble que puede haber en el mundo y estoy disfrutando muchísimo viéndola crecer a toda velocidad. Peeeeeeero (marido de la pera) el gusanillo sigue ahí, y entre mi trabajo de mañana y tarde y la dedicación que requiere mi pequeña, ¿alguien podría recordarme lo que es un pincel y a qué huele el óleo? Ya se me ha olvidado. Hago dibujitos con ceras y lápices de colores cuyo efecto es más o menos como el de los parches de nicotina, pero el síndrome de abstinencia de la pintura es muy muy fuerte y a veces provoca mucha frustración, sobre todo cuando me meto en las redes sociales y veo lo que van haciendo otros colegas pintores y se me ocurren cosas e ideas que me gustaría plasmar. Y lo peor es que las pocas veces que consigo sacar un rato para pintar, lo hago con tanta ansiedad que parece que se me ha olvidado y me salen unas castañas pilongas que no hay por donde cogerlas.
No obstante, volveré. Seguro.
¿Y vosotros? ¿Sentís lo mismo cuando no sacáis tiempo para una actividad o un hobbie que os apasiona? Abro este nuevo blog que intentaré actualizar regularmente con reflexiones periódicas, pero sin vuestros comentarios no tiene ningún sentido. ¡Bienvenidos!



Versión de los Fusilamientos de Goya, hecha en 3º carrera (2007). Tengo especial cariño a este cuadro porque fue un punto de inflexión y me marcó el camino a seguir