jueves, 28 de mayo de 2020

Improvisación vs Control

Hace un par de semanas que mi vida ha vuelto a una relativa normalidad tras dos meses de confinamiento por el maldito coronavirus. Me he reincorporado al trabajo y ya se puede salir a la calle con las restricciones y precauciones que ya todos conocemos.

Evidentemente todos estamos deseando que termine esta pesadilla que tanto dolor, muerte y caos económico está sembrando, aunque sin ánimo de frivolizar, para mí ha tenido la parte positiva de que he podido pasar mucho más tiempo con mi hija de lo habitual. He cambiado más pañales que nunca y he podido jugar con ella todo lo que he querido y más. También he sacado tiempo para seguir con las ilustraciones de ese libro que esperamos publicar en unos pocos meses, para hacer algunos dibujos con ceras y lápices de colores y para pintar algún que otro cuadro. Al no poder salir de casa he tenido que tirar de acrílico y formatos pequeños para pintar un par de “rockeros”, y ya una vez aliviado el confinamiento he podido volver al estudio y hacer algún cuadro en formato grande con óleo: otro más para la serie “Desde la carretera”, que tenía un poco abandonada. Una serie que empecé a principios de 2017 y en la que sigo con esos cielos de atardeceres llenos de texturas, pero en los que he ido incorporando progresivamente más color.

También he aprovechado para hacer un pequeño curso online de pintura de paisaje impartido por el gran Isidoro Moreno. Isidoro es un grandísimo pintor con un brillante curriculum y gran cantidad de premios a sus espaldas. Desde que le conozco ha sido un referente para mí y le tengo gran admiración. Hace unos años tuvimos un desagradable encontronazo que no viene al caso recordar, pero como no somos personas rencorosas, hace unos meses nos reconciliamos y me alegro mucho de haber retomado el contacto con él.  El curso me hizo reflexionar muchísimo y una vez terminado, tuvimos una charla “virtual” en la que hablamos largo y tendido sobre nuestra forma de ver pintura.

Cuando estamos en el aula de pintura en Bellas Artes, estamos rodeados de compañeros de los que aprender y con unos profesores que están siempre dispuestos a orientarnos, corregirnos y darnos todo tipo de consejos, pero después terminamos la carrera y nos vemos totalmente solos ante el peligro y con el vértigo de no tener nadie a quien pedir ayuda.

Yo no había vuelto a hacer ningún curso desde que terminé en 2009 y es verdad que a base de practicar y ver lo que hacen otros he podido aprender y evolucionar muchísimo, pero casi siempre eché de menos la crítica sincera y el consejo de alguien que realmente sepa, más allá de la gente cercana que te suele decir “muy bonito”, “me gusta mucho” y demás. Y estas cuatro sesiones impartidas por Isidoro me han servido para replantearme algunas cosas.

Por ejemplo, la disyuntiva entre control e improvisación. Una de las cosas que me gusta de pintar es que nunca sé exactamente cómo voy a terminar un cuadro. Empiezo y voy improvisando y viendo qué me pide. El problema es que a veces me precipito, pinto demasiado acelerado, de forma demasiado intuitiva y sin pensar demasiado las decisiones que tomo. Dejo demasiadas cosas en manos del azar y ahí los resultados pueden ser a veces mejores y a veces peores. Nunca voy a abandonar esa improvisación porque sin ella la pintura perdería gran parte del atractivo que tiene para mí, el que hace que cada obra sea una aventura en la que se van tomando decisiones más o menos arriesgadas, pero puede que a veces deba intentar controlar un poco más la situación; controlar yo el cuadro y no que él me controle a mí. No obstante, Isidoro me decía que detrás de esas decisiones tomadas sin pensar está el conocimiento y la experiencia adquiridos por los años. Podríamos decir que es simplemente un “piloto automático”.

El curso también me ha servido para aprender más sobre algunos materiales, pigmentos, trucos… y la verdad que estoy deseando poder aplicarlos. La vuelta al trabajo me hace imposible tener una continuidad a la hora de pintar. Voy sacando ratos sueltos cuando puedo.

Por lo demás, también tengo ganas de volver a ver abiertos los museos, galerías y salas de exposiciones, y volver a participar en concursos de pintura rápida. Espero que se encuentre pronto la vacuna para este maldito virus y todo vuelva a la normalidad cuanto antes.

P.D.: se agradecen los comentarios, que últimamente os veo muy perezosos.

Desde la carretera 33. Como comentaba, es más alegre y con más colorido que los primeros cuadros de esta serie. Quizá también porque está inspirado en una escena veraniega y no otoñal o invernal como otros.