Evidentemente todos estamos deseando que termine esta pesadilla
que tanto dolor, muerte y caos económico está sembrando, aunque sin ánimo de
frivolizar, para mí ha tenido la parte positiva de que he podido pasar mucho
más tiempo con mi hija de lo habitual. He cambiado más pañales que nunca y he
podido jugar con ella todo lo que he querido y más. También he sacado tiempo
para seguir con las ilustraciones de ese libro que esperamos publicar en unos
pocos meses, para hacer algunos dibujos con ceras y lápices de colores y para
pintar algún que otro cuadro. Al no poder salir de casa he tenido que tirar de
acrílico y formatos pequeños para pintar un par de “rockeros”, y ya una vez
aliviado el confinamiento he podido volver al estudio y hacer algún cuadro en formato
grande con óleo: otro más para la serie “Desde la carretera”, que tenía un poco
abandonada. Una serie que empecé a principios de 2017 y en la que sigo con esos
cielos de atardeceres llenos de texturas, pero en los que he ido incorporando
progresivamente más color.
También he aprovechado para hacer un pequeño curso online de
pintura de paisaje impartido por el gran Isidoro Moreno. Isidoro es un
grandísimo pintor con un brillante curriculum y gran cantidad de premios a sus
espaldas. Desde que le conozco ha sido un referente para mí y le tengo gran
admiración. Hace unos años tuvimos un desagradable encontronazo que no viene al
caso recordar, pero como no somos personas rencorosas, hace unos meses nos
reconciliamos y me alegro mucho de haber retomado el contacto con él. El curso me hizo reflexionar muchísimo y una
vez terminado, tuvimos una charla “virtual” en la que hablamos largo y tendido
sobre nuestra forma de ver pintura.
Cuando estamos en el aula de pintura en Bellas Artes, estamos
rodeados de compañeros de los que aprender y con unos profesores que están
siempre dispuestos a orientarnos, corregirnos y darnos todo tipo de consejos, pero después terminamos la carrera y nos vemos totalmente solos ante el peligro y con el
vértigo de no tener nadie a quien pedir ayuda.
Yo no había vuelto a hacer ningún curso desde que terminé en
2009 y es verdad que a base de practicar y ver lo que hacen otros he podido
aprender y evolucionar muchísimo, pero casi siempre eché de menos la crítica
sincera y el consejo de alguien que realmente sepa, más allá de la gente
cercana que te suele decir “muy bonito”, “me gusta mucho” y demás. Y estas
cuatro sesiones impartidas por Isidoro me han servido para replantearme algunas
cosas.
Por ejemplo, la disyuntiva entre control e improvisación.
Una de las cosas que me gusta de pintar es que nunca sé exactamente cómo voy a
terminar un cuadro. Empiezo y voy improvisando y viendo qué me pide. El
problema es que a veces me precipito, pinto demasiado acelerado, de forma
demasiado intuitiva y sin pensar demasiado las decisiones que tomo. Dejo
demasiadas cosas en manos del azar y ahí los resultados pueden ser a veces
mejores y a veces peores. Nunca voy a abandonar esa improvisación porque sin
ella la pintura perdería gran parte del atractivo que tiene para mí, el que hace que cada obra sea una aventura en la que se van tomando decisiones más o menos arriesgadas, pero puede
que a veces deba intentar controlar un poco más la situación; controlar yo el
cuadro y no que él me controle a mí. No obstante, Isidoro me decía que detrás
de esas decisiones tomadas sin pensar está el conocimiento y la experiencia adquiridos
por los años. Podríamos decir que es simplemente un “piloto automático”.
El curso también me ha servido para aprender más sobre
algunos materiales, pigmentos, trucos… y la verdad que estoy deseando poder
aplicarlos. La vuelta al trabajo me hace imposible tener una continuidad a la
hora de pintar. Voy sacando ratos sueltos cuando puedo.
Por lo demás, también tengo ganas de volver a ver abiertos
los museos, galerías y salas de exposiciones, y volver a participar en
concursos de pintura rápida. Espero que se encuentre pronto la vacuna para este
maldito virus y todo vuelva a la normalidad cuanto antes.
P.D.: se agradecen los comentarios, que últimamente os veo
muy perezosos.

Desde la carretera 33. Como comentaba, es más alegre y con más colorido que los primeros cuadros de esta serie. Quizá también porque está inspirado en una escena veraniega y no otoñal o invernal como otros.
Muy bonito. Me gusta mucho.
ResponderEliminarEs broma :P Buen artículo, sigue pintando y sigue escribiendo.