viernes, 29 de octubre de 2021

¿Te gusta conducir?

 Últimamente, me estoy dando cuenta de que los pintores somos pintores las 24 horas del día. Yo, que por mi trabajo y obligaciones familiares, a veces paso varias semanas sin poder pintar, lo cual me frustra muchísimo, muchas veces no paro de darle vueltas al próximo cuadro que voy a hacer, o a cómo voy a seguir con el que tengo a medias. Hay veces que hasta sueño con ello.

Muchas veces voy por la calle imaginándome cómo sería lo que tengo delante representado en un cuadro; observo, a veces saco el móvil y hago alguna foto... pero uno de los momentos en los que más observo es cuando voy en el coche. Así empecé con mi serie "Desde la carretera", que nació de las fotos que hice por la ventanilla de un autocar en una tarde de invierno, volviendo de la inauguración de una exposición colectiva en León.

Cuando voy por la carretera, sobre todo si se ve un atardecer bonito, no paro de imaginármelo pintado. Incluso me imagino un pincel cargado de pintura trazando las nubes, los amarillos y rojizos del horizonte, las luces de los otros vehículos... Si tengo la suerte de ir de pasajero, a veces voy haciendo fotos compulsivamente, como una metralleta. Después en casa las miro detenidamente y normalmente me vale una de cada 50. El problema es cuando voy conduciendo yo. Si va Marta a mi lado, le pido que haga ella las fotos (a la pobre la tengo aburrida), aunque desde que somos padres, ella se suele sentar atrás con la niña y yo voy en plan taxista, con lo que hacer fotos de frente es más complicado. Y cuando voy solo, pues ajo y agua. No me voy a jugar la vida por hacer fotos mientras voy conduciendo, aunque más de una vez he parado en un lugar seguro a observar el paisaje y a hacer varias fotos.

Estoy dándole vueltas a la cabeza a comprar o idear algún invento para poder hacer fotos mientras conduzco de forma segura. Una Go-Pro en la cabeza, o una cámara colocada en el salpicadero que se pueda accionar mediante la voz o con un botón en el volante. Si alguien conoce algún artilugio por el estilo que me lo diga. Es muy frustrante estar viendo una escena, pensar que daría mucho juego para pintarla y no poder inmortalizarla por ir conduciendo y no poder parar en ese momento.

Los pintores que me leéis, que sois varios, ¿Os pasa lo mismo? ¿Veis "posibles cuadros" por todas partes?



lunes, 31 de agosto de 2020

La importancia de parar

Los que me conocéis ya sabéis que hace mes y medio pasé por un trance personal muy duro y del que todavía me estoy recuperando poco a poco. Creo que no hace falta incidir más sobre ello más que para daros las gracias a todos por vuestro apoyo y palabras de ánimo. Desde entonces no he vuelto a pintar, en parte porque no he tenido muchas ganas, la verdad.

Mi idea era retomar los pinceles el pasado sábado en el concurso de pintura rápida de Palencia, pero el día antes tuve un resbalón en la ducha y fui a caer con la espalda contra el bidé. Me tuvieron que llevar al hospital y me he quedado KO para varios días. Por suerte no es más que una fuerte contusión muscular, pero la pintura de momento tendrá que esperar unos días más.

Hoy quería hablaros de la necesidad de parar. En mi caso, como ya he comentado muchas veces, por falta de tiempo no puedo pintar todo lo que me gustaría y a veces paso temporadas largas sin pintar, pero en otras etapas de mi vida he podido disponer de más tiempo y he pintado prácticamente a diario, y en aquellas épocas, es probable que me hubiera venido bien un parón de varios días o incluso semanas.

Me ocurrió durante mis años en la facultad de Bellas Artes y cuando obtuve la Beca de Artes Plásticas de la Diputación de Valladolid. En esas épocas me veía obligado a producir un determinado número de obras en un plazo concreto, y aunque a veces salían obras muy interesantes, otras veces me dedicaba a "producir" en el peor sentido de la palabra. Pintaba cuadros como churros pero no los meditaba todo lo que debiera, por lo que salían algunas obras buenas pero otras "ni fu ni fa". Lo peor es que pintaba mucho pero no lograba evolucionar todo lo que me gustaría.

Ahora he conseguido llegar a un punto en el que normalmente no tengo tiempo para pintar más que un día  a la semana como mucho, pero cuando me pongo llevo varios días dándole vueltas al cuadro que voy a pintar, he buscado ideas, he mirado obra de otros artistas en la que inspirarme, he seleccionado la foto en la que me voy a basar concienzudamente, la he analizado... Por lo que aunque mi ritmo de producción es bajo, creo que la calidad de mi obra ha ido al alza. Además, antes solía pintar los cuadros en una sola sesión de varias horas, como si fuera pintura rápida, y ahora suelo hacerlo en varias sesiones, con lo que además de poder dejar secar las capas, puedo estar varios días meditando los siguientes pasos a dar en la siguiente sesión.

Por eso, me he dado cuenta de que a veces un parón puede ser positivo. Sirve para despejar la mente, coger nuevas ideas, reflexionar sobre lo que se ha hecho hasta el momento y cómo seguir en el futuro, salir de un bache o de una crisis creativa o de falta de inspiración... Y esto creo que ocurre en todos los ámbitos de las artes e incluso en muchos aspectos de la vida.

¿Cómo lo veis vosotros?




Este año el COVID no permitirá abrir las ferias en Valladolid. Esta era el año pasado la vista desde el aparcamiento.

jueves, 11 de junio de 2020

19 días, y 2.100 euros


Ayer me salió este anuncio en facebook y no sé cómo tomármelo. Así que abro debate.
Se trata de un estuche con 64 facsímiles (es decir, copias) numerados en edición limitada de dibujos y pinturas de Joaquín Sabina. No aparece el precio y piden que les escribas por privado para consultarlo, pero por lo que se ve en algunos comentarios es de 2.100 €. Insisto, 64 COPIAS en color, supongo que de alta calidad, de obras realizadas por un genio en un ámbito totalmente diferente al de las artes plásticas.

Vaya por delante que está en todo su derecho a sacar esto a la venta y el que se lo pueda permitir y quiera comprarlo, está en su derecho a hacerlo. Además, aunque no sea la faceta por la que es conocido Sabina, lo mismo nos llevamos una sorpresa y es un genio también con los pinceles.

Pero no voy a negar que me da rabia que mientras la mayoría de los artistas plásticos no podemos vivir de nuestro trabajo después de 5 años de carrera, nos cuesta un mundo vender una obra casi siempre después de que nos regateen, y tenemos que ver que cada vez tenemos menos salas para exponer, siempre gratis, y en muchos sitios incluso te piden dinero por exhibir tu obra; un músico –un grandísimo músico, sí- aproveche su fama como tal para sacar esto a la venta que seguramente le proporcionará unos ingresos que ya me gustaría a mí ganar en toda mi vida gracias al arte.

Probablemente habrá fans incondicionales que se lo compren porque les gusta mucho Sabina y se lo pueden permitir que no hayan comprado arte en su vida, o que traten de regatear al máximo cuando vayan a comprar un pequeño cuadro, dibujo o grabado para el salón de su casa a cualquier artista anónimo.

En fin, simplemente es una reflexión y os invito a dar vuestra opinión. Cada uno vende lo que quiere y se gasta su dinero en lo que le de la gana. Yo por si acaso, por si un día soy un pintor mundialmente famoso, voy buscando estudio de grabación para mi primer disco.



jueves, 28 de mayo de 2020

Improvisación vs Control

Hace un par de semanas que mi vida ha vuelto a una relativa normalidad tras dos meses de confinamiento por el maldito coronavirus. Me he reincorporado al trabajo y ya se puede salir a la calle con las restricciones y precauciones que ya todos conocemos.

Evidentemente todos estamos deseando que termine esta pesadilla que tanto dolor, muerte y caos económico está sembrando, aunque sin ánimo de frivolizar, para mí ha tenido la parte positiva de que he podido pasar mucho más tiempo con mi hija de lo habitual. He cambiado más pañales que nunca y he podido jugar con ella todo lo que he querido y más. También he sacado tiempo para seguir con las ilustraciones de ese libro que esperamos publicar en unos pocos meses, para hacer algunos dibujos con ceras y lápices de colores y para pintar algún que otro cuadro. Al no poder salir de casa he tenido que tirar de acrílico y formatos pequeños para pintar un par de “rockeros”, y ya una vez aliviado el confinamiento he podido volver al estudio y hacer algún cuadro en formato grande con óleo: otro más para la serie “Desde la carretera”, que tenía un poco abandonada. Una serie que empecé a principios de 2017 y en la que sigo con esos cielos de atardeceres llenos de texturas, pero en los que he ido incorporando progresivamente más color.

También he aprovechado para hacer un pequeño curso online de pintura de paisaje impartido por el gran Isidoro Moreno. Isidoro es un grandísimo pintor con un brillante curriculum y gran cantidad de premios a sus espaldas. Desde que le conozco ha sido un referente para mí y le tengo gran admiración. Hace unos años tuvimos un desagradable encontronazo que no viene al caso recordar, pero como no somos personas rencorosas, hace unos meses nos reconciliamos y me alegro mucho de haber retomado el contacto con él.  El curso me hizo reflexionar muchísimo y una vez terminado, tuvimos una charla “virtual” en la que hablamos largo y tendido sobre nuestra forma de ver pintura.

Cuando estamos en el aula de pintura en Bellas Artes, estamos rodeados de compañeros de los que aprender y con unos profesores que están siempre dispuestos a orientarnos, corregirnos y darnos todo tipo de consejos, pero después terminamos la carrera y nos vemos totalmente solos ante el peligro y con el vértigo de no tener nadie a quien pedir ayuda.

Yo no había vuelto a hacer ningún curso desde que terminé en 2009 y es verdad que a base de practicar y ver lo que hacen otros he podido aprender y evolucionar muchísimo, pero casi siempre eché de menos la crítica sincera y el consejo de alguien que realmente sepa, más allá de la gente cercana que te suele decir “muy bonito”, “me gusta mucho” y demás. Y estas cuatro sesiones impartidas por Isidoro me han servido para replantearme algunas cosas.

Por ejemplo, la disyuntiva entre control e improvisación. Una de las cosas que me gusta de pintar es que nunca sé exactamente cómo voy a terminar un cuadro. Empiezo y voy improvisando y viendo qué me pide. El problema es que a veces me precipito, pinto demasiado acelerado, de forma demasiado intuitiva y sin pensar demasiado las decisiones que tomo. Dejo demasiadas cosas en manos del azar y ahí los resultados pueden ser a veces mejores y a veces peores. Nunca voy a abandonar esa improvisación porque sin ella la pintura perdería gran parte del atractivo que tiene para mí, el que hace que cada obra sea una aventura en la que se van tomando decisiones más o menos arriesgadas, pero puede que a veces deba intentar controlar un poco más la situación; controlar yo el cuadro y no que él me controle a mí. No obstante, Isidoro me decía que detrás de esas decisiones tomadas sin pensar está el conocimiento y la experiencia adquiridos por los años. Podríamos decir que es simplemente un “piloto automático”.

El curso también me ha servido para aprender más sobre algunos materiales, pigmentos, trucos… y la verdad que estoy deseando poder aplicarlos. La vuelta al trabajo me hace imposible tener una continuidad a la hora de pintar. Voy sacando ratos sueltos cuando puedo.

Por lo demás, también tengo ganas de volver a ver abiertos los museos, galerías y salas de exposiciones, y volver a participar en concursos de pintura rápida. Espero que se encuentre pronto la vacuna para este maldito virus y todo vuelva a la normalidad cuanto antes.

P.D.: se agradecen los comentarios, que últimamente os veo muy perezosos.

Desde la carretera 33. Como comentaba, es más alegre y con más colorido que los primeros cuadros de esta serie. Quizá también porque está inspirado en una escena veraniega y no otoñal o invernal como otros.



viernes, 6 de marzo de 2020

Curioso elemento el tiempo


Me diréis que siempre hablo de lo mismo, aunque llevaba varios meses sin escribir.

La semana pasada volví a pintar. Lo echaba muchísimo de menos porque hacía casi tres meses que no cogía los pinceles, y no os hacéis idea de lo frustrante que es.

Hilando con lo que os decía en el último post, hace varios años, una compañera de trabajo a la que la empresa dio dos semanas de vacaciones avisando con dos días de antelación, la verdad es que le hicieron una faena porque no tenía la posibilidad económica ni tiempo de irse de viaje y era en pleno invierno, pero recuerdo que a la vuelta dijo que ya tenía ganas de volver porque después de tantos días en casa sin trabajar, ya se aburría. ¡¿EN SERIO?! Aclaro que era un trabajo de mierda y mal pagado, no algo que la gente hiciera de forma vocacional.

Desde que trabajo en horario de comercio y sobre todo desde que soy padre, siempre he tenido la sensación de que me faltan horas en el día. Me he acostumbrado a dormir bastante menos que antes, y aun así echo de menos más tiempo. Lo primero, para estar con mi pareja y mi hija, a la que bastantes días sólo veo dormida. Después de eso, me gustaría dibujar, pintar, leer, ver películas que tengo pendientes, salir a ver todos los museos y exposiciones que hay en Valladolid, ir a ver museos y exposiciones a otras ciudades, viajar, hacer excursiones de un día a ciudades y pueblos cercanos, quedar con amigos a los que hace meses que no veo, etc., etc., etc. pero… ¡NO TENGO TIEMPO!

Por eso me sorprende e incluso me irrita cuando veo gente que no sabe qué hacer cuando tiene unos días libres o todas las tardes libres y se las pasa tirada en el sofá viendo pasar el tiempo. Como si no hubiera cosas en las que emplear el tiempo. Incluso aunque no tengas dinero, hay un montón de pueblos en la provincia y alrededores a los que merece la pena ir a pasar el día aunque sea llevándose un bocadillo; museos y exposiciones de todo tipo, en su mayoría gratuitos; parques por los que pasear, cines con día del espectador, libros, prensa, y un montón de cosas que se pueden hacer antes de decir que en vacaciones te aburres y que echas de menos tu trabajo de mierda.

Hace casi un mes tomé la decisión de quitarme durante una temporada la cuenta de Facebook, salirme de varios grupos de WhatsApp en los que sólo se enviaban memes y tonterías, y desinstalarme las aplicaciones de Instagram y Twitter del móvil por temporadas, porque sí, me quejo de que no tengo tiempo para hacer todo lo que me gusta pero a veces soy un poco idiota y cuando tengo un rato libre me lo paso mirando la pantallita del móvil sin estar viendo realmente nada. Esta medida no me ha servido para tener las horas que necesito para pintar, pero sí para sacar huecos para hacer algún dibujito con lápices de colores, ceras o mi fantástico bolígrafo de 12 colores, que es rosa con un dibujo de un gatito porque no se podía elegir entre los diferentes modelos y Amazon me lo mandó así. Qué le vamos a hacer. También me ha servido para dedicar el ratito de antes de irme a la cama a retomar un libro que tenía abandonado, aunque avanzo más o menos al ritmo de una página y media diaria. Básicamente hasta que se me cierran los ojos.

En cuanto a Facebook, creo que recuperaré la cuenta en los próximos días porque es una buena herramienta para mantener el contacto con amigos que viven fuera, antiguos compañeros de clase, etc., y además como artista es una buena herramienta de promoción, pero voy a hacer una limpieza a fondo de páginas y grupos (10 años después, ya va siendo hora de quitarse de los de “Señoras con una bolsa en la cabeza cuando llueve” y similares, que siguen mandando notificaciones) y de amigos, dejando sólo a los que conozco personalmente y a los que me interese especialmente lo que publican. Tener como amigos en FB a gente que conocí en una noche de fiesta hace 9 años y no he vuelto a ver nunca, a lo mejor no tiene mucho sentido. Y de momento, voy a tener la aplicación desinstalada del móvil para no estar sacando el móvil del bolsillo cada dos por tres y no dedicarle más tiempo del que debería.
Sobre este tema, os recomiendo encarecidamente este artículo: https://www.bbc.com/mundo/noticias-51268343

Por lo demás, deciros que estuve el pasado fin de semana en Madrid viendo ARCO y ArtMadrid, cogiendo algunas ideas, y que tengo muchas ganas de pintar. Hace unos meses retomé la serie Rock Stars con un cuadro que me dejó muy contento tras varios de esa serie que no me gustaron tanto, y tengo otro empezado que espero poder terminar pronto. También he hecho algunos dibujos en ceras y lápices de colores con esa temática. En casa saco algunos ratos para dibujar y quitarme un poco el gusanillo. Me ha salido alguna venta, que eso también anima, y hace algo más de un mes El Norte de Castilla me dedicó una doble página en domingo. Son pequeños reconocimientos que como os digo, animan a no rendirse.

¡Ah! Se me olvidaba. En el último año he recuperado una faceta que tenía abandonada desde hace muchísimo. Y es que desde pequeño me gustaba hacer comics y viñetas de humor gráfico. Me gustaba imitar personajes como Mortadelo y Filemón y Astérix, y más adelante a dibujantes como Sansón o Forges. El caso es que hacia el final de la adolescencia lo abandoné casi totalmente y poco después ya me centré en la pintura y en componer con manchas de color, y hacía un montón de años que no hacía ese tipo de dibujos de línea sólo con rotulador negro. El caso es que me surgió la oportunidad de ilustrar un libro de humor que está ya listo al 95% y espero que más pronto que tarde esté publicado. Ya os daré la brasa cuando salga para que lo compréis.

Y como sabéis, este blog se alimenta de comentarios, así que espero los vuestros.

Tormenta de truenos y luz, de la serie Rock Stars.
Los que sepáis un poco de rock duro sabréis que el título está sacado de una canción de Barón Rojo, aunque no son ellos los músicos representados, pero me pareció que era un título que describía a la perfección el cuadro.

jueves, 4 de julio de 2019

Hacer algo productivo, en todos los sentidos


Hoy voy a hacer una reflexión que trasciende a lo que es la pintura y va a lo que es la vida en general.

Como he comentado alguna vez, yo terminé Bellas Artes hace 10 años. Cuando se estudia una carrera se supone que la expectativa es poder ganarse la vida gracias a esos años de estudio, y yo por desgracia no lo he conseguido. En su día di algunas clases de pintura a niños y adultos, de vez en cuando vendo algún cuadro, disfruté de una beca de la Diputación de Valladolid… y algo de dinero he ganado, incluso sí que pude vivir de forma bastante modesta durante unos meses gracias a la beca y a las clases, pero ahora mismo, como casi siempre desde que terminé de estudiar, me dedico a algo que no tiene nada que ver con lo que estudié. Y seguro que si calculara lo que me he gastado en material en todos estos años, sería bastante más que el dinero que he podido ganar.

Sin embargo, no me arrepiento en absoluto de haber estudiado Bellas Artes. Aparte de por la experiencia de los años vividos fuera de casa y los amigos que todavía mantengo, por lo que me ha aportado a nivel personal. Hoy día considero que mi vida es mucho más rica y tiene mucho más sentido gracias al arte, y sólo por eso merecen la pena los años invertidos en la facultad de Bellas Artes de Salamanca. Porque… ¿Qué sería la vida si consistiese simplemente en trabajar, comer, dormir, y matar las horas de ocio con cualquier entretenimiento banal?

Siempre me he quejado de que casi todos los trabajos que he tenido han sido a jornada partida, lo que sumado desde hace poco a mi condición de padre, me deja poco tiempo libre. Sin embargo, me parece fundamental al menos de vez en cuando hacer en algún momento algo “productivo”, no productivo en lo económico sino algo que enriquezca personalmente, algo que nos apasione, que nos permita desarrollar algún talento y que haga que nos sintamos realizados. Conozco a mucha gente cuya vida pasa mientras van día tras día a trabajar, y el tiempo libre en casa sólo lo dedican a estar tirados en el sofá viendo la tele o jugando con el móvil o la tablet. Que yo también veo la tele y dedico a las redes sociales a veces más tiempo del que debería, pero cuando no sales de ahí… me parece muy muy triste. Y por supuesto, también es enriquecedor jugar con los hijos, pasar tiempo en familia, tomar algo con amigos, viajar… pero yo voy más allá.

Yo no voy a orientar a mi hija a qué tiene que estudiar, a qué se tiene que dedicar o a qué tiene que dedicar su ocio. Eso tendrá que elegirlo ella, pero sí que me gustaría que tuviera alguna inquietud, alguna pasión a la que dedicarse más allá del aspecto laboral. Puede darse el caso de que algo le apasione y pueda dedicarse a ello profesionalmente, eso sería maravilloso, pero en caso de que trabaje simplemente para ganarse la vida, creo que es fundamental tener algo más; en mi caso es la pintura, pero puede ser practicar un deporte, tocar un instrumento musical, escribir, hacer teatro, manualidades, costura, un voluntariado… una actividad de ocio que nos llene, que deje huella y en la que no seamos sólo meros espectadores de lo que hacen otros.

¿Cómo lo veis vosotros? ¿Estáis de acuerdo? 


Obra de la serie "Skye", inspirada por un inolvidable viaje a Escocia

miércoles, 12 de junio de 2019

Sonrisas y lágrimas


A veces me pregunto qué atractivo ven a su actividad esta gente que sale a andar en bici un domingo por la mañana y se suben un puerto “rompepiernas”, o la gente que sale a correr, se mete una kilometrada épica y termina con la lengua fuera y agujetas para varios días. En el momento que están pedaleando con una pendiente del 20% o tienen las piernas destrozadas y van echando los pulmones por la boca tras un montón de kilómetros detrás, ¿están disfrutando de lo que están haciendo? ¿por qué lo hacen si no cobran por ello cuando les está provocando claramente un sufrimiento?
Algo parecido pasa con la pintura. Es una necesidad, la echo mucho de menos cuando estoy varios días sin ponerme a ello, pero aunque lo necesito, es duro, y a veces incluso da más disgustos que alegrías. Y es que pintar es duro. Enfrentarse a un lienzo en blanco sin saber con certeza qué va a pasar en él es todo un reto. Durante las horas que se tarda en pintar el cuadro, se toman cientos o miles de decisiones, el dibujo inicial, cada mezcla, cada pincelada, cada barrido con la espátula es una decisión que puede ser acertada o equivocada, y en tal caso, más o menos difícil de subsanar. El desgaste mental es muy fuerte y se pasa mal, tienes un constante miedo a tomar una decisión equivocada que arruine varias horas de trabajo, no acertar con el color del cielo, con la composición, o cometer algún error de perspectiva, etc. Y más aún cuando mi forma de pintar se basa mucho en la intuición y en la improvisación.
A veces me acelero porque me puede el ansia de ver el resultado final, tengo que decirme a mí mismo “mantén la calma”. Hay situaciones en las que si empleo un recurso que funciona y el cuadro va viento en popa me entra una sensación parecida a un gol de mi equipo o a escuchar los primeros acordes de mi canción favorita en un concierto, incluso dan ganas de dar un salto y gritar “¡Vamos!”, me digo a mí mismo “¡Qué grande eres!”. Otras veces pasa lo contrario y me dan ganas de mandar el cuadro a la mierda –no es habitual, pero más de una vez he dejado algún cuadro sin terminar porque era un desastre y no tenía solución-. En esos casos me pongo de bastante mala leche, como ese corredor si se le sube el gemelo a 5 kilómetros de la meta o al ciclista si le entra la pájara y tiene que abandonar en mitad de la subida.
La gran satisfacción es la alegría que da cuando termino un cuadro y estoy satisfecho con el resultado, y como el arte no existiría si no hubiera espectadores, la ilusión que hace cuando veo que a la gente le gusta y sé que no me lo dicen por cumplir. Y ya cuando alguien me compra un cuadro ya es rizar el rizo, pero por desgracia es algo que no ocurre muy a menudo. Qué le vamos a hacer.
El problema es que la satisfacción nunca es plena, porque siempre pienso que tengo margen de mejora, me pongo a mirar cuadros míos cuando los expongo y no puedo evitar sacarles fallos, cosas que habría hecho de forma diferente… pero eso es lo que motiva a volver coger los trastos y pintar otro cuadro que mejore los anteriores. ¡Al ataque!


Un amigo que sabe bastante de pintura, me dijo tras ver este cuadro que he
pintado recientemente que tengo que calmarme. Me gusta como me quedó, pero es verdad que en él se ve locura, e incluso ansiedad. La ansiedad que tenía por llevar varias semanas sin pintar y no conseguir más que sacar el rato que me llevó hacer esto. También pienso que esa forma alocada de pintar es parte de mi identidad y que va con mi forma de ser, y aunque a veces tenga que saber controlarla, no voy a renunciar totalmente a ella.